La carta del tarot de El Enamorado
Descripción.
Este
Arcano representa a un joven imberbe de rubios cabellos, con la cabeza descubierta, situado en el centro de la carta.
A su izquierda está una bella muchacha rubia y a su derecha aparece un personaje que podría ser un sacerdote de mediana edad que tiene su mano sobre el hombro del joven. Este personaje es también imberbe, por lo que podría representar a una mujer hombruna y fea.
Un ángel de cabello rubio y de alas azules, probablemente Cupido, está encima de los tres personajes, con un arco y una flecha dirigidos hacia el joven o quizás hacia la mano izquierda de la muchacha.
Simbolismo.
El
simbolismo de este naipe puede considerarse desde varios puntos de vista. Si lo interpretamos como el sacerdote (a la izquierda) que está casando al joven y a la muchacha, como han hecho varios autores, no vemos qué papel juega aquí
Cupido.
Si, al contrario, vemos en esta carta a un joven indeciso (en el centro) que no sabe si escoger por mujer a una vieja fea y viciosa (a la izquierda) que no deja ver el color de sus mangas, o a la muchacha que se le ofrece a la derecha del naipe, cuyas mangas blancas indican pureza.
Un curioso detalle nos permite adivinar quién ha de ser objeto de su elección:
Cupido está apuntando con su flecha blanca a la mano de la muchacha.
La
flecha blanca indica amor puro. Notemos que
Cupido no es aquí ciego ni lleva ninguna banda que le cubra los ojos, como ocurre en algunas representaciones tradicionales de este ángel; esto parece indicarnos que sabe muy bien hacia dónde apunta. Su carácter celeste viene indicado por el color azul de sus alas.
Para algunos autores el personaje de la izquierda representa al Vicio y el de la derecha a la Virtud; para otros se trataría del
amor profano y del
amor sagrado. Por otra parte, se podría asociar esta lámina a la parábola de
Hércules que nos ha transmitido
Filóstrato en su
Vida de Apolonio de Tiana, de donde extraemos el párrafo siguiente:
"Tú has visto en descripciones de pinturas el Heracles de Pródico, cómo Heracles es un joven, aún en el momento de elegir su forma de vida, y cómo la maldad y la virtud, disputando entre ellas, tratan de arrastrarlo: la una ataviada con oro y collares, con un vestido teñido de púrpura, con color en las mejillas, bucles en su cabellera y pintura en los ojos, tiene incluso sandalias de oro, pues está representada también caminando orgullosamente sobre ellas."
La otra, en cambio, la virtud, se asemeja a una mujer muy trabajada, de mirada seca, que usa de sus arrugas como adorno. Descalza, es modesta en su vestimenta; incluso aparecería desnuda si no conociera lo que es en las mujeres decoroso.